Judiciales

Mujer fue capturada por someter a sus propias hijas a abusos sexuales y producir material pornográfico infantil para su venta

26 de diciembre, 2024.

La comunidad de Tequendama y las autoridades se encuentran conmocionadas por el caso de Jairo Amaya Ruiz, alias “El Monstruo de Tequendama”, y su pareja, “Carolina”, quienes fueron condenados por someter a sus propias hijas a abusos sexuales y producir material pornográfico infantil para su venta.

Las investigaciones revelaron un escalofriante panorama de abuso sexual sistemático que se prolongó durante al menos ocho años. Carolina, la madre de las víctimas, no solo permitió estos actos, sino que también participó activamente en ellos. Según las autoridades, la mujer consentía y colaboraba en la grabación de videos pornográficos con sus propias hijas, a quienes vendía a través de la red.

La pesadilla llegó a su fin en mayo de 2024, cuando Jairo Amaya Ruiz fue capturado en las cercanías de Bogotá. Una alerta internacional, proveniente de Estados Unidos, puso en evidencia la existencia de material pedófilo, lo que permitió a las autoridades colombianas rastrear a los responsables.

Tras una exhaustiva investigación, las autoridades lograron identificar y capturar a Carolina, quien fue encontrada en el municipio de San Antonio, Cundinamarca. En su poder se hallaron más de 32 gigabytes de material pornográfico infantil, en el que se evidenciaba el sufrimiento de las menores.

Tanto Jairo Amaya Ruiz como Carolina fueron hallados culpables de múltiples delitos, entre los que se incluyen acceso carnal violento, actos sexuales con menores de 14 años, proxenetismo y pornografía infantil. Un juez de Bogotá condenó a Jairo Amaya a 25 años de prisión, mientras que Carolina también enfrenta una larga pena en un centro carcelario.

Las menores, que fueron rescatadas el mismo día de la captura de Carolina, están recibiendo atención psicológica y social para superar el trauma sufrido. El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar se encuentra trabajando para garantizar su protección y recuperación.

Este caso trágico pone de manifiesto la importancia de combatir la explotación sexual infantil y la pornografía infantil.

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